El horror vacui del rock
Rolling Stone:: Septiembre de 2009

Son como el techo de una iglesia románica: sus discos son prodigios abigarrados de cómo llenar absolutamente todo de grandeza.
Siguiendo el sistema de calificaciones de la Educación General Básica, la carrera de Muse seguiría un ritmo ascendente, pausado, y ejemplar. Sus tres primeros álbumes -Showbiz (1999), Origin of Symmetry (2001), Absolution (2003)- serían los tres estadios del Progresa Adecuadamente: el primero escueto, el segundo sumando un positivo y el tercero, dos. El cuarto, Black Holes and Revelations (2006) fue su ascenso al Destaca y el novísimo, flamante y despampanante The Resistance los coloca en el Destaca +.
Muse sería el típico alumno que llama poco la atención, hasta que, de pronto, se revela como un genio haciendo logaritmos neperianos. Ojo, lo de tranquilo solo es aplicable a su progresión, porque decir que hacen las cosas pausadas sería como definir un discurso de Castro como breve. Lo que pergeñan Matthew Bellamy, Dominic Howard y Christopher Wolstenholme es lo meta-épico, el más allá de lo barroco, el horror vacui del rock; desde los temas de sus versos (actividades extraterrestres, conspiraciones del poder contra los ciudadanos, el amor que trasciende los límites humanos), hasta la estructura de sus canciones, que albergan tantos cambios y géneros (música clásica, metal, progresivo, ópera, pop) que parecen un trastorno múltiple de la musicalidad.
The Resistance tiene toda la fuerza que se le puede suponer a un álbum con un leit motiv de rebelión y revolución contra la opresión de las élites políticas. La concatenación de los cuatro primeros temas, Uprising, Resistance, Undisclosed Desires y United States of Eurasia, y el cierre con Exogenesis (una epopeya en tres partes, cual pieza clásica) dan energía y motivación para hacer tres revoluciones francesas. Muse son tan grandes como los Killers y compañía. Llenan los mismos recintos, tienen himnos y montan espectáculos faraónicos. Pero tienen algo único: no suenan en los altavoces de los móviles en el transporte público y no citan en una grada a altas esferas políticas con tótems de la comunicación. Y que eso ocurra, para algunos, es cosa de dioses.
Rolling Stone / Marta Hurtado de Mendoza / Septiembre de 2009 / Nº 119