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En la cima del mundo

Esquire :: Septiembre de 2009

Imagen del reportaje

Matt Bellamy nos cuenta cómo pasó de ser el rarito de un pueblo pesquero a liderar Muse, la banda más épica del rock.

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Visto de cerca -y si le juzgamos en base a sus premios como Rockero más sexy- Matthew Bellamy decepciona (los 37ºC a la sombra no ayudan). A cambio resulta más majo de lo esperado y parece genuinamente ansioso por saber qué opino de The Resistance (15 de sep­tiembre) o hablar sobre el aspecto político de sus letras, inspiradas en las manifestaciones diarias que ha visto desde su piso londinense… frente a la embajada de EE.UU. 'Es que lleva­mos seis meses aislados, tío, y quiero hablar de todo esto con alguien de fuera', me dice casi a modo de excusa por su entusiasmo. Más allá de lo que opine tras dos escuchas -le encan­tará a los fans, todo es más y más grande-, me llama la atención esa pasión. 'Llevo la mitad de mi vida en Muse y a veces desearía perder todo de vista', me comenta, 'pero entonces sólo tengo que recordar de dónde salimos y recargar las pilas'.

Bellamy se refiere a Teignmouth, pueblo pesquero inglés de 15.000 habitantes que les vio nacer… y huir en cuanto pudieron. 'No quiero hablar mal de aquello, pero éramos muy diferentes al resto y eso crea un vínculo especial', asegura. 'El lado bueno es que de otro modo habría ido a la universidad en lugar de dejarlo todo por la banda…'. Una imagen de outsiders que conecta con sus fans. 'Me encanta cuando alguien dice que gracias a mí sabe que se puede ser un guitar hero viniendo de un sitio como ése', afirma quien ha alcan­zado gran fama en este campo e incluso diseña sus propias guitarras. 'Pierdo mucho tiempo con el piano en directo, así que no quiero una que me obligue a estar pendiente de los peda­les', dice con un brillo en los ojos (¡hasta me hace un boceto de su próxima creación!).

Esto último es vital para una banda con buena fama allí donde muchos de sus contemporáneos fallan: los conciertos masivos. 'Muchas de nuestras canciones están hechas para ser coreadas, ganan en ese ambiente', afirma orgulloso de colocar 29.000 entradas para su gira por España a finales de noviem­bre. Aun así, 'creo que nuestro futuro puede ir más en la onda de canciones como Undisclosed desires', me comenta de un tema que resulta ser mi favorito y me recuerda a… ¿Depeche Mode? 'Puede ser, puede ser', se ríe, 'lo im­portante es que suena bien, ¿no?'. Pues sí, Matt, suena muy bien.

Rodrigo Varona / Esquire nº 22 / Septiembre 2009